domingo, 15 de febrero de 2015

LA ALIENACIÓN PARENTAL. UNA FORMA DE MALTRATO INFANTIL

    

Entre nuestros conocidos divorciados posiblemente todos hemos escuchado más de una queja en relación a actitudes malintencionadas o incluso revanchistas por parte de sus exparejas. Generalmente suele tratarse de meros incumplimientos, como la impuntualidad en los horarios o en el pago conjunto de algún gasto de sus hijos, o en la incorporación de ropa y calzado en mal estado o de tallas inadecuadas en la maletita de los niños, o como la imposición de actividades extraescolares durante el periodo del régimen de visitas del otro progenitor. Cuando estas maniobras interfieren de alguna manera en la relación paterno-filial se denomina Interferencia parental.
Pero el juego sucio entre los “ex” puede alcanzar proporciones verdaderamente desorbitadas como medio de venganza o para no perder algún privilegio, especialmente durante la resolución judicial de su divorcio. Tal es el caso de las denuncias falsas por maltrato o incluso por abuso sexual de una menor, o de la denominada Alienación parental, en la que un progenitor no duda en utilizar a sus hijos para denigrar de tal modo la figura del otro progenitor que los hijos acaban por odiarle sin el menor asomo de duda y sin sentimiento alguno de culpa, pero siempre en ausencia de razones suficientes que lo justifiquen. Por el contrario, con respecto al progenitor alienante estos mismos hijos llegan a hacer una defensa a ultranza de cualesquiera que sean sus comportamientos denigrantes, por muy injustos o desproporcionados que sean.
Ejemplos de Alienación parental
Algunos ejemplos de Alienación parental son: desvalorizar o insultar al otro progenitor o a su nueva pareja en presencia de sus hijos, prohibirles ponerse la ropa adquirida por éste o que entre en su casa cualquier juguete o una simple película DVD que provenga de la casa del otro progenitor, impedirle el contacto telefónico con ellos u obstaculizar su régimen de visitas con cualquier excusa, como una enfermedad común, culparle de cualquier mal comportamiento de los hijos, tomar decisiones importantes acerca de los hijos sin consultarle, cambiar de domicilio incluso a muchos kilómetros de distancia del otro progenitor, o el menoscabo de su figura como cuidador al preferir dejar a los niños con otra persona mientras trabajan, incluso una vecina, antes que “regalarle” una hora de más con sus hijos.
La campaña de denigración y rechazo suele encontrar su grado más elevado mediante la interposición de denuncias por los problemas más nimios, en las que se involucra a los propios hijos e incluso se les hace copartícipes.
Consecuencias en los hijos
Las consecuencias de esta alienación de uno de los progenitores suele ser el rechazo por parte de los hijos hacia casi cualquier cosa que provenga de él, como la ropa o el calzado que adquiere para ellos, o las actividades extraescolares o de fin de semana que les propone; su rechazo a cumplir su régimen de visitas; el intento de apartarle de sus vidas prescindiendo de su presencia en actos o celebraciones importantes para los propios niños, quienes pueden llegar a “olvidar” intencionadamente avisarle de su fecha y horario, o incluso alegar que no los recuerdan; el “olvido” de los cuidados recibidos e incluso de los buenos momentos vividos en el pasado con el progenitor alienado, olvidos debidos al auténtico “lavado de cerebro” recibido del otro progenitor así como a su propia necesidad inconsciente de negar su existencia para poder mantenerse en su sentimiento de odio alcanzado.
Cómo hacerle frente
¿Les suena alguna de estas maniobras alienantes? Por desgracia son más frecuentes de lo que pensamos, aunque afortunadamente es posible identificarlas. El informe pericial psicológico resultante de una  evaluación especializada en alienación parental permite su identificación así como prever y advertir de sus importantes consecuencias psicoemocionales en los menores. Si bien conseguir que cesen definitivamente muchas veces va a requerir el inicio de un procedimiento judicial de tipo penal, aunque pueda resultar costoso tanto económicamente como en tiempo, esfuerzo y desgaste emocional.
 Una forma de maltrato infantil
Pero lo que nunca debemos obviar con respecto a la Alienación parental no es el enorme dolor experimentado por el progenitor rechazado (en virtud a que nada ni nadie puede hacernos tanto daño como a través de nuestros hijos), sino precisamente el profundo daño ocasionado a los propios hijos a los que se les niega poder amar a sus dos padres en igualdad de condiciones, a los que se obliga a decidir entre uno y otro, y se les hace cómplices de un verdadero acto de Psicopatía al anular o restringir la capacidad del ejercicio parental en uno de sus progenitores. Si la Psicopatía se caracteriza entre otras por la incapacidad de percibir las necesidades de los demás, es decir por la ausencia de una Empatía que ya comienza a fraguarse desde nuestra más corta infancia, y si ya a esa edad alguien promueve en nuestros hijos esa misma falta de empatía, ¿a qué les está condenando?
La Alienación parental es un auténtico proceso de maltrato de los propios hijos alienados.

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