domingo, 22 de marzo de 2015

"¡SOCORRO! TENGO ANSIEDAD"

 
¿Qué es la Ansiedad?
 
La Ansiedad es un mecanismo de alarma que se activa ante cualquier percepción de “amenaza” o “peligro” real o imaginario, cuyo objetivo originariamente en nuestra especie ha sido lograr nuestra supervivencia (como en el caso de peligros que pueden resultar mortales), pero también puede activarse ante situaciones en que simplemente vemos peligrar nuestro ego, como en las que tememos hacer el ridículo o que piensen mal de nosotros. Por lo que aun tratándose de un mecanismo innato que se activa automáticamente, también puede hacerlo en las situaciones más absurdas fruto de nuestras propias experiencias previas y nuestros aprendizajes, como es el caso del temor a la falta de orden o de simetría en algunos objetos, el miedo a ser abandonados afectivamente, el temor a no hacer las cosas perfectas, etc. La mejor manera de conceptualizar la Ansiedad es asemejarla al miedo, la preocupación o la obsesión.
 
La Ansiedad positiva y la Ansiedad negativa
 
Efectivamente existe un tipo de Ansiedad que puede considerarse positiva, en la medida en que es facilitadora y ayuda a afrontar peligros reales activándonos física y mentalmente (por ejemplo, nos ayuda a esquivar un vehículo que viene hacia nosotros y no parece que vaya a detenerse mientras cruzamos un paso de peatones, o nos ayuda a pensar más deprisa para responder el máximo número de preguntas de un examen importante).

Y existe otro tipo de Ansiedad negativa, que aparece en forma de miedo o preocupación excesiva en situaciones en que no existe una amenaza o peligro real, como es el caso de subir en ascensor, hablar en público, o notar somatizaciones en nuestro propio cuerpo tales como palpitaciones o sensación de mareo. Esta ansiedad negativa en la medida que nos produzca un malestar o limitación clínicamente significativos, requerirá un esfuerzo para superarla en ocasiones incluso con ayuda psicoterapéutica, psicofarmacológica o con ambas.
 
El sistema nervioso simpático y parasimpático
 
El sistema nervioso que activa nuestro mecanismo de Ansiedad es el Sistema Nervioso Autónomo y más concretamente el Sistema Nervioso Simpático que nos prepara para la acción. Su antagonista se denomina Sistema Nervioso Parasimpático, y es el responsable de la relajación o disminución del nivel de estrés. Ambos sistemas se activan prácticamente a la vez ante la percepción de amenaza o peligro predominando la activación nerviosa, hasta que ésta comienza a disminuir imponiéndose el S.N. Parasimpático.
 
Muchas personas desconocen este funcionamiento de nuestro propio sistema nervioso por el cual la Ansiedad excesiva acaba siempre por controlarse, por lo que erróneamente llegan a necesitar controlar la Ansiedad de inmediato, o en caso contrario creen que continuará aumentando o se mantendrá a un nivel tan alto que les llevará a sufrir algún fallo de gravedad en su organismo, por ejemplo un infarto, temor que por otro lado aumenta más aún su Ansiedad, instaurándose en un círculo vicioso del que les cuesta mucho salir. Así suele ocurrir con los Ataques de Pánico o Crisis de Ansiedad, en los que el miedo se dirige a la falta de control de la propia Ansiedad y de su sintomatología asociada.
 
Los tres "ingredientes" de un trastorno de ansiedad
 
El componente más visible de la Ansiedad son los Síntomas físicos o psicológicos, principalmente las palpitaciones, la opresión en el pecho, la dificultad para respirar, la sensación de mareo y el malestar en el estómago. Constituyen las señales más claras de que estamos ansiosos.
 
Pero existen otros dos componentes que suelen pasar desapercibidos, y cuya importancia en la clínica de la Ansiedad es fundamental. Por una parte los Pensamientos e Imágenes, que suelen tener características catastróficas acerca de la posibilidad en la ocurrencia de algo malo o de no poder soportar la situación temida, que pueden aparecer de forma automática y que están directamente relacionados en muchas ocasiones con la activación de la ansiedad al percibirse una amenaza o peligro.
 
Por otro lado, las Conductas o formas de reaccionar ante la situación que nos produce Ansiedad, de gran relevancia cuando se trata de conductas de huida de la situación temida (por ejemplo marcharse a casa, o marcharse del lugar donde lo estoy pasando mal), conductas de evitación (por ejemplo no volver a ese lugar donde lo he pasado mal), o conductas de seguridad (por ejemplo acudir acompañado, o llevar las pastillas en el bolsillo continuamente como medida de protección).
 
¿Qué hace que se mantengan los problemas de Ansiedad?
 
Son precisamente este tipo de conductas mencionadas, cuya funcionalidad no es otra que la de aliviar el miedo lo más inmediatamente posible, las que también impiden superarlo cuando se trata de situaciones en las que no existe amenaza o peligro suficientes, ya que dichas conductas de evitación, huida o seguridad tienen una segunda funcionalidad, en este caso a medio y largo plazo, al impedir que nuestra mente logre la habituación esperable a estas situaciones hasta controlar el nivel de ansiedad, por lo que nuestro cerebro sigue valorándolas como peligrosas, y sigue activando el mecanismo de alarma una y otra vez, incluso tan solo con pensar en ello.
 
En ocasiones, consideramos que no tiene importancia tenerle miedo a algo o padecer una única Fobia. Lo que solemos desconocer es que a partir incluso de un único miedo se puede llegar a generalizar dicho miedo a otras situaciones parecidas o a futuros miedos sin relación alguna, es decir desarrollamos cierta vulnerabilidad a nuevos problemas de Ansiedad.
 
web: http://www.peritopsicologo.es/

8 comentarios:

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    1. Genial porfin lo pude lee,gracias Pablo eres de gran ayuda.

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    2. Genial porfin lo pude lee,gracias Pablo eres de gran ayuda.

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    3. Bueno, siento que no te haya sido fácil, Chelo. Seguramente ha sido porque he cambiado el tipo de Blog para que se pueda ver cada publicación por separado, sin tener que recorrerlas todas, y en la transición habrá sido un poco caótico. Espero que el artículo sea clarificador. Un saludo

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  2. Como no hagas caso a los mensajes que tu propio cuerpo-mente te envía y tengas una primera crisis de ansiedad o "de nervios", por ejemplo por estrés, es como si hubieras abierto una puerta que ya es difícil o casi imposible cerrarla. Hace años, por un cumulo de malas situaciones, comencé a encontrarme mal, pero, como siempre, no hice realmente caso. Un día, yendo a casa de unos familiares repartiendo las invitaciones de boda, me dio mi primera crisis o ataque de ansiedad o de nervios. Sentí mareo, vómitos, se me paralizó media cara, tenía especie de convulsiones, no podía hablar bien y me costaba respirar. Estábamos lejos de casa y me tuvieron que ingresar en el primer hospital que encontraron. Recuerdo que la medico hizo salir a mis padres y me preguntó que si estaba nerviosa por que no me quería casar. Madre mía, si justamente era felicidad lo que sentía, felicidad después de haber pasado por un infierno en los meses anteriores, mi enfermedad, la enfermedad y fallecimiento de mi suegro a un mes de la boda, que por supuesto fue aplazada hasta el momento que he comenzado a contar, y penurias varias. No entendía el porque me pasaba en ese justo momento, cuando yo acumulaba en mi haber experiencias muy duras y de todas había salido con fuerza. Un maravilloso Psicólogo y compañero, me explicó que las personas tenemos un nivel de tolerancia frente a los acontecimientos, unas tenemos la barrera bastante alta y otras mas bajita...Posiblemente yo la había tenido muy alta, pero no había hecho caso a los toques de atención que mi propio cuerpo me había estado enviando y simplemente salté el nivel, salte esa barrera que tenía tan alta. No precisamente la salte en un mal momento, si no viviendo una situación de alegría. Ojala me hubiera dado cuenta de que necesitaba bajar ese nivel de ansiedad y acudido antes a un profesional, igual hubiera cerrado la puerta a tiempo. Gracias Pablo por tu inestimable ayuda.

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    1. Casi todo el mundo en vistas de su propia boda lleva tal nivel de estrés, porque desea de todo corazón que salga todo bien, que le pasa factura. Habitualmente perdiendo peso, pero también puede ocurrirnos una auténtica crisis de ansiedad, ante la que por un lado tenemos derecho a asustarnos, porque no entendemos qué nos está pasando, y por otro habitualmente no se trata de nada que tenga porqué suponernos un peligro físico. Describes ROS una serie de acontecimientos estresantes, incluso positivos, cuya acumulación bastaría a cualquier persona, incluso a la de mayor aguante, para sobrepasarla. Es muy importante aprender a vivirlo con normalidad ya que puede pasarnos a cualquiera, y aprender a no asustarnos por los síntomas cuando no hay una enfermedad física concurrente. En más ocasiones a lo largo de nuestra vida los problemas pueden volver a sobrepasarnos, pero nuestro cuerpo generalmente está preparado para ello, por lo que superar el miedo pasa a convertirse en el principal objetivo, en lugar de evitar a toda costa una nueva crisis de ansiedad. Gracias por tu valoración

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  3. Un buen recordatorio de los puntos principales de un problema más que común. Gracias Pablo

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