domingo, 8 de marzo de 2015

"¡TE VAS A ENTERAR!" UN CASO DE DENUNCIA FALSA POR ABUSO SEXUAL

 
¿Se imagina recibir una llamada del GRUME (Grupo de Menores de la Policía Nacional) o de la Guardia Civil citándole en sus dependencias para informarle que su expareja ha presentado una denuncia contra usted por presunto abuso sexual de su hija de corta edad?
 
Incredulidad, rabia, incluso odio, seguramente serían sus primeras reacciones emocionales, pero la más importante y la más incapacitante no sería otra que la de impotencia, especialmente cuando descubriera que la base de dicha denuncia ha sido simplemente la respuesta afirmativa de su hija a una pregunta directa y no exenta de cierta intencionalidad realizada por su expareja en relación a si su padre “le toca en sus partes” así como un leve enrojecimiento “de origen inespecífico” en la zona genital.
 
Se preguntará cómo es posible que dichas escasísimas señales puedan llevar a nadie a tener la más mínima sospecha que puedan deberse a un posible abuso de estas características. Seguramente a una persona bienintencionada le sería prácticamente imposible establecer dicha relación causa-efecto. Pero, ¿y si están ustedes en pleno proceso de divorcio y su expareja a pesar de lo mucho que se han querido y los muchos años que han convivido juntos, ha pasado a constituirse en su principal enemigo? Aun así le resultará difícil de creer, sobre todo si usted es de esas personas que jamás llegarían a traspasar esa línea que delimita aquellas cosas que por mero respeto a nuestros semejantes, a nuestros hijos e incluso a nosotros mismos, jamás deberíamos sobrepasar. Pero es que para la persona que es capaz de interponer una denuncia de esta gravedad aún a sabiendas que es falsa, posiblemente dicha línea sea muy muy fina.
 
Características de personalidad más habituales de los denunciantes
 
La tipología del patrón de personalidad de aquellos que pueden llegar a realizar este tipo de denuncias falsas no es única, pero la experiencia clínica y forense nos dice que puede darse en personas que carecen de la suficiente Empatía hacia los demás, quienes piensan principal o únicamente en sí mismas, y que aunque proclamen a los cuatro vientos que la denuncia la interponen por el bien de su hijos, generalmente ni están pensando en ellos, ni les preocupa su bienestar, ni tienen en cuenta que ellos serán los más perjudicados. O en personas con cierta Susceptibilidad y Vigilancia en cuanto a los motivos e intenciones de los demás, sintiéndose fácilmente atacadas y mostrándose a la defensiva. O en las que suelen mostrar Impulsividad y falta de Autocontrol, precisando una necesidad de gratificación inmediata, con escasa Resistencia a las Frustraciones. O en personas que suelen mostrar una tendencia a culpar a los demás de sus propias insatisfacciones y frustraciones, así como de no haber alcanzado sus metas en la vida, o que carecen de escrúpulos hacia aquellos de quienes pretenden vengarse, y que son capaces tanto de mantenerse en su propia opinión aún en contra de la existencia de suficientes evidencias que la avalen, como incluso de simular la ocurrencia de hechos falsos.
 
Generalmente estas personas pueden llegar a excusarse en razones del tipo “Yo no sé si ha pasado eso o no, yo no soy experto/a en este tema. Por eso denuncio para que los expertos miren a ver… Y si no ha pasado nada, pues mejor”. Excusas que podríamos llegar a comprender si no fuera por su ausencia total de remordimientos por el daño ocasionado, e incluso por la existencia de una clara intención de ocasionarlo.
 
Un proceso de Interferencia Parental
 
De todos los intentos por entorpecer la relación paterno-filial las denuncias falsas por abuso sexual constituyen el más mezquino de todos ellos y el de mayor repulsa social. Y suelen formar parte junto a otras muchas maniobras de un auténtico proceso de Interferencia Parental, en virtud del cual suelen pretender apartar a un progenitor de la custodia de sus hijos así como desacreditarlo y anularlo como padre/madre, o incluso de un proceso de Alienación parental para lograr que sea rechazado u odiado por aquellos.

Generalmente estas denuncias falsas suelen ocurrir en el contexto de un divorcio y estar motivadas en una venganza por el “tiempo perdido” o el esfuerzo dedicado a la pareja (al valorar el/la denunciante que ha dado mucho más que ha recibido, o que su expareja se ha aprovechado de él/ella) o por la consideración de la falta de una suficiente satisfacción de sus necesidades durante dicha relación, pero más frecuentemente su motivación radica en la ganancia que puede obtenerse al apartar al otro progenitor de la custodia, generalmente económica por la pensión alimenticia o el uso de la vivienda conyugal, aunque también puede tratarse de una ganancia o el intento de evitar una pérdida emocional al no ser capaz de asumir otro rol en el cuidado de los hijos que no sea el de único o principal progenitor.
 
Por otro lado, las dudas sembradas acerca del progenitor denunciado pueden hacer más daño que la propia denuncia al llegar a oídos de su entorno social, en el que algunas personas ya nunca más le mirarán de la misma forma que lo hacían antes de la denuncia, y que incluso pueden llegar a marginar a sus hijos con tal de evitar el contacto con el denunciado en un intento de proteger a los suyos propios.
 
Consecuencias en los menores
 
Por lo pronto, un menor inmerso en una denuncia por abuso sexual va a tener que pasar varios reconocimientos médicos y psicológicos en relación a un aspecto tan escabroso como éste. Así mismo puede llegar a sufrir una estigmatización tanto en relación al sexo, especialmente si los adultos están demasiado pendientes cada vez que regresa tras haber pasado el día con el otro progenitor, como en relación al propio progenitor denunciado, sobre el que se arrojan continuas dudas en cuanto a si es “malo”, si le puede “hacer daño” o hacia su capacidad más general para cuidarle.
 
Un caso real
 
Este tipo de situaciones son muy reales. En el caso mencionado la parte denunciante impuso la interrupción del contacto paterno-filial e intentó obtener ventaja de ello a pesar de los escasísimas posibles indicadores de abuso que sirvieron de base a la denuncia y la inexistencia de informes médicos confirmatorios. Por fortuna el progenitor denunciado recuperó la comunicación con la menor en base al Informe Pericial psicológico de familia que evaluó exhaustivamente la situación familiar, evidenció la falta de fundamentación de los hechos denunciados descartando el abuso sexual, y concluyó la existencia de un proceso de posible Interferencia parental.
 
Pero nadie podrá devolverle el tiempo perdido ni podrá resarcirle del coste emocional que soportó, como difícil parece borrar de la memoria de la menor las graves consideraciones que tuvo que escuchar o las dudas sembradas acerca de su padre.
 
web: http://www.peritopsicologo.es/

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