martes, 26 de mayo de 2015

¡¡¡PAPÁ, CREO QUE MAMÁ ODIA A TU MUJER!!!


¿Puede ejercer adecuadamente la custodia de sus hijos y primar el interés superior de éstos, el progenitor que no ha superado aún la ruptura de su relación con el padre/madre de sus hijos, y que muestra un intenso odio hacia la nueva pareja de éste, con reacciones de celos, insultos, amenazas, todo ello sin justificación alguna más que en su propio rencor y sus dificultades para superar la pérdida sufrida con dicha ruptura?
La inestabilidad emocional parental
La inestabilidad emocional del progenitor puede suponer un doble riesgo para el desarrollo psicosocial de sus hijos al encontrarse bajo sus cuidados:

1) Por un lado, en cuanto a las numerosas situaciones de alteración emocional que éstos van a tener que vivir provocadas por el odio, los celos, la inseguridad, las reacciones de ira y en general el descontrol emocional de este progenitor que podemos definir como inestable, de tal manera que dependiendo siempre de su estado emocional, el menor puede vivir inmerso en una auténtica “montaña rusa emocional”.
Las alteraciones afectivas del citado progenitor pueden ocurrir cada vez con mayor frecuencia, asociadas a cualquier comportamiento que detecte en su expareja que le resulte intolerable desde su peculiar punto de vista afectivo:

  • Por ejemplo, que su suspicacia y vigilancia le lleven a descubrir que la nueva pareja de su ex se está encargando de los cuidados de su propio hijo o de sus deberes escolares, incluso en casos de ausencia obligada de su ex por motivos laborales.
  • O la mera insinuación del menor en relación a que lo pasa bien cuando se encuentra en compañía de su otro progenitor, o peor aún cuando está bajo los cuidados de su nueva pareja, y especialmente si el menor hace referencia a ésta de cualquier manera que pueda ser percibida de forma amenazante para su deseo de continuar siendo el progenitor principal o más importante en la vida del niño, bastando que el menor verbalice “mi otra mamá” o “mi otro papá” para desencadenar su frustración, su indignación y consecuentemente su ira.
  • O, casi consecuentemente, que el otro progenitor se “atreva” a recoger al menor en compañía de su pareja actual, e incluso el mero hecho que ésta aparezca por su localidad aunque se quede esperando en el coche a una o dos calles de distancia fuera del alcance de su vista.

Cuando al menor se le niega que pueda querer por igual a ambos progenitores
En consecuencia, el menor puede sentirse enormemente limitado para expresar sus sentimientos al otro progenitor, a su pareja, o a los hijos de ésta, e incluso en ocasiones al resto de sus familiares, por el temor a traicionar el cariño del progenitor inestable mientras no tenga la absoluta seguridad que son aceptados por éste, al encontrarse inmerso en un auténtico conflicto de lealtades, para el que no tiene suficiente capacidad de resolverlo. E igualmente puede llegar incluso a rechazarles o a bloquear de alguna manera el cariño que pueda llegar a sentir por ellos, negándose a sí mismo la capacidad normalizada y sana de querer por igual a sus dos progenitores y a sus familias, reforzado por quien en el fondo desea apartar a su expareja de la vida de su hijo. Rechazo que puede perdurar hasta que el niño no desarrolle una actitud suficientemente crítica con este bloqueo emocional que se le ha impuesto, lo cual muchas veces no ocurrirá hasta bien avanzada la adolescencia, y en otros casos nunca llegará a ocurrir porque el daño producido ya es irreversible.
La posibilidad de Parentificación
En ocasiones, el menor puede llegar a asumir un rol de defensor del progenitor inestable, bien porque lo percibe más débil, sin duda influido por multitud de quejas de éste en las que ha venido adoptando el rol de víctima del otro progenitor; si bien muchas veces lo que subyace es su propio miedo y la consiguiente necesidad de evitar un nuevo episodio de descontrol emocional por su parte. Esta defensa a ultranza puede constituir una auténtica Parentificación en la que el menor adopta el rol de padre para protegerle, pudiendo llegar a faltar a la verdad incluso en forma de posibles denuncias falsas, o apoyarle en sus pretensiones judiciales aunque éstas no sean justas, o más frecuentemente en los conflictos cotidianos que suelen aparecen entre ambos padres. Cuyas posibles repercusiones en la propia maduración emocional del menor indiscutiblemente acabarán por pasarle factura.

El progenitor inestable como modelo parental para el menor 

2) Y por otro lado,  el segundo tipo de riesgo para el menor se constituye por la propia cualidad de modelo a imitar que cada progenitor representa para  los menores a su cargo, que en el caso del inestable supone que los niños pueden aprender a establecer vínculos afectivos de una manera similar a la suya.  El progenitor inestable emocionalmente generalmente desarrolla un tipo de Apego Inseguro Ansioso que se caracteriza por una alta dependencia de los demás, un miedo excesivo a ser abandonados/as, la necesidad de confirmaciones de cariño y aceptación, la exigencia de una excesiva intimidad, el desarrollo ante una ruptura de un importante desequilibrio afectivo, reacciones frecuentes e intensas de celos y desconfianza, y miedo a la soledad. El menor que desarrolla una forma ansiosa de establecer sus relaciones de cariño, puede acabar con problemas emocionales similares a estos, por tanto con una excesiva necesidad de dependencia del cariño de los demás sobre todo en las relaciones de pareja, con unos celos intensos e infundados, temor al abandono y esfuerzos frenéticos para evitarlo, etc.

Habitualmente este tipo de progenitores inestables emocionalmente suelen utilizar un estilo educativo con características Sobreprotectoras, por lo que tienen dificultades para establecerles límites y enmarcar a los menores en unas normas de la vida cotidiana que les permitan desarrollar su autocontrol y su resistencia a las frustraciones, así como su autonomía y su autoestima. Pero también pueden mostrar características Negligentes, de escasa capacidad para cuidar de ellos de una forma responsable, o Rígidas con cierto autoritarismo para hacerse obedecer por ellos. Lo que puede hacer de los menores unos niños vulnerables a varios problemas emocionales, como la timidez  y el retraimiento, la dependencia y la necesidad de apoyo, y que pueden desarrollar actitudes de hostilidad hacia su entorno social como forma de expresar sus sentimientos.

La inestabilidad emocional descrita en este post se basa en dos casos reales de separación contenciosa, en los que los Informes Periciales Psicológicos realizados permitieron poner de manifiesto el grave riesgo que el ejercicio de la custodia por parte del progenitor que se ha denominado inestable puede suponer para el interés superior de los menores a su cargo.

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